Dos sesiones antes de construir: una para preparar el kickoff y otra para correrlo. Esto es lo que pasa en cada una.
Solo con la dirección del proyecto. Definimos cómo se corre el kickoff, qué mensajes se transmiten y quién habla.
Todas las áreas involucradas. Cierra con acuerdos escritos, cada uno con responsable y fecha.
La base de datos y la lectura de SAP. Primer entregable dos semanas después.
EL RITMO, A PARTIR DE AHÍ
Cada sprint son dos semanas y siempre el mismo ciclo: arranque el lunes, desarrollo, demo el viernes de la segunda semana y prueba del equipo contra sus propios números. Seis veces. Predecible a propósito —el equipo sabe siempre en qué semana está y qué se le va a pedir.
Agenda propuesta. Construida para que nadie salga con la duda de qué se va a hacer, para qué, ni qué se espera de su área.
QUIÉNES DEBEN ESTAR
Dirección, coordinación, sistemas, planeación y producción, quien hoy consolida los reportes, y recursos humanos. Si un área tiene un módulo en el alcance, alguien de esa área está en la sala —el compromiso se construye en la sesión, no después por correo.
Un proyecto así genera tres preguntas silenciosas: ¿esto es una carga más?, ¿esto me sustituye?, ¿esto va a romper lo que ya funciona? Si no se responden en el kickoff, se responden solas —y mal.
Los módulos no compiten por la misma atención: se conectan a una sola base de datos. Se construye una vez y de ahí salen todas las salidas. Entendido así, deja de sentirse como carga.
Las fórmulas que hoy viven en Excel y las reglas que existen en la cabeza de quien las ejecuta: eso es lo que se sistematiza. Lo que desaparece es la talacha de bajar y consolidar datos. El criterio se queda con quien lo tiene.
Se trabaja primero contra un ambiente de pruebas y los números se validan contra los reportes que el equipo ya produce. Solo cuando cuadran se conecta a la operación real.
Martes 4 o miércoles 5 de agosto, 2:30 pm. Cuarenta y cinco minutos, remota.